Un día de Rally2017-03-14T16:03:23+01:00

Project Description

Un día de Rally

Suenan las cornetas que anuncian la hora de prepararse, ha llegado la hora de ir a ver el Rally de la Comunidad de Madrid. La última prueba del campeonato de España decidirá cuál de los dos aspirantes al título se lleva la gloria. El primer escenario del día es Piñuecar, un tranquilo pueblo de la sierra de Madrid 364 días al año, hasta que un sábado de Noviembre es invadido por decenas de aficionados a los rallyes. El siguiente paso es buscar un sitio desde el que tener una vista privilegiada, pero al llegar al tramo por donde pasarán ya hay curvas y cunetas atestadas de gente. Una vez situados llega el ritual de espera, gracias al día soleado que ha concedido la madre naturaleza, podemos observar el entorno que nos rodea, la sierra de Madrid en todo su esplendor y magnificencia.

El coche de seguridad pasa como alma que lleva el diablo, tras el comenzará el desfile de coches. En la lejanía se empieza a escuchar el rugido de los motores acercarse, como animales de hierro devorando kilómetros. Y por fin pasa el primero, petardeando mientras decenas de cazadores disparan sus cámaras. Uno tras otro van pasando, unos más rápidos, otros más torpes, hasta que pasa el último y tras el vuelve a aparecer el coche de seguridad, cuál pastor que sigue a sus ovejas.

Cambio de lugar para la segunda pasada, decenas de personas en sagrada procesión buscan también una localidad mejor para el espectáculo, hay que enmendar el error de no haber madrugado lo suficiente. Por el camino, una res herida descansa en la cuneta, los buitres se acercan para mirar o tomar fotos, su jornada ha terminado antes de tiempo. Tras una caminata y un curso de escalada exprés, ocupamos asiento para el próximo pase de modelos. Mismos coches, distintas fotos, pero el mismo júbilo del público y entrega de los pilotos. Durante el desfile en el público se escucha que ya hay un ganador, el gallego Sergio Vallejo, gracias al abandono de Miguel Fuster antes de llegar al tramo. Aun así el espectáculo continua hasta la pasada del último coche.

Toca descender en la geografía madrileña hasta la cuna del automovilismo en la capital, el circuito del Jarama, será aquí donde se dispute el último tango. Hasta que empiece la sesión de bailes, el público visita los camerinos de los bailarines. En aquellos de cartera grande o con una gran marca a sus espaldas, los jóvenes y no tanto se agolpan por conseguir un regalo. Hay quien aprovecha para equiparse para el próximo rally, mientras que algunos solo se pueden permitir curiosear. De pronto una voz anuncia el comienzo de la última tanda, el público comienza a llenar las gradas y los focos alumbran la pista de baile. El campeón levanta los vítores de los aficionados con cada contoneo de caderas en cada curva. Le siguen el resto de participantes, que con todo decidido sólo pueden hacer disfrutar al máximo a los que hasta allí han acudido. La música deja de sonar y la fiesta llega a su fin, habrá que esperar a la siguiente temporada para ver en acción a estos valientes jinetes y sus monturas.

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Un día de Rally
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